Mar
bravío, precios razonables, arquitectura popular y playas ahora
desiertas, al sur del vecino Portugal.
El Algarve no es tan exótico como el
Tibet, ni tan inabarcable como Australia pero está muy cerca, al
alcance de todos. Se puede ir en cualquier momento, sin hacer planes
ni reservas y en invierno es posible saborear la sensación de
hallarse al borde de lo desconocido, cerca de esa experiencia
sorprendente que esperamos encontrar en cada viaje. Aunque sólo sea
por un largo fin de semana fuera de temporada.
Del Algarve se cuenta que un rey moro,
para calmar la nostalgia que su amada - una princesa nórdica -
sentía por los paisajes de su tierra, ordenó plantar miles de
almendros; así cuando florecieran a finales de enero, su blancura le
traería el recuerdo de la nieve.
La leyenda se hace realidad cada
temporada e invariablemente, el campo estalla en fulgores blancos y
rosados antes de que la primavera llene de colores intensos el
paisaje. El principal atractivo del sur de Portugal está en los
fenómenos difícilmente alterable por la mano del hombre: en el
clima, benigno, favorecido por las brisas atlánticas tanto en
invierno como en verano. Y en el mar, bravío, sugerente y limpio
además de productivo. Son legendarias sus sardinas que durante mucho
tiempo abrieron los ojos comerciales a los fenicios y que aun hoy en
día sigue siendo un producto gastronómico de primera calidad.
Tal vez la ruta más recomendable - si
es que en Portugal cabe recomendar rutas - es la que incluye
ordenadamente todas las poblaciones costeras: San Antonio, Tavira,
Faro, Quarteira, Albufeira, Lagos y Cabo San Vicente, con algunas
incursiones por el interior, sin olvidarse de pasar algún atradecer
junto al mar de Portimao, viendo como salen de las brasas, mientras
cae el sol por el horizonte atlántico, una docena de sardinas recién
hechas.
VILA REAL DE SAN ANTONIO:
A Vila Real habría que seguir llegando
en barco desde Ayamonte a pesar del flamante nuevo puente que salva
ahora las dos orillas del Guadiana. Su perfecto trazado en cuadrícula
nos recuerda que fue construida en tiempos de Pombal, gran amante de
la arquitectura y el urbanismo neoclásico. A lo lejos se divisa
Castro Marim, pueblo blanco flanqueado por dos majestuosas fortalezas.
Se puede ir hacia él o seguir la costa.
Si se elige esta última opción
habremos de toparnos con Tavira. Población sobria y tranquila
atravesada por las aguas del río Gilao que ofrece al viajero el
primer contacto con la arquitectura autóctona del Algarve, a través
de sus numerosas casonas e iglesias.
En contraste, el vecino puerto pesquero
de Olhao es todo bullicio y alegría, con sus vendedoras ambulantes de
mariscos ofreciendo a gritos su mercancía.
FARO:
Faro, algo más allá, es una modesta
capital de provincia que ofrece a quien viaja por su cuenta todo lo
que puede desear: variada oferta hotelera, el mejor nudo de
comunicaciones, estupendos restaurantes de pescado, un atractivo
centro monumental y vidilla nocturna en los típicos cafés de siempre
que bordean la doca (dársena) del puerto.
Entre Faro y Lagos es recomendable
evitar la costa, con sus reservas de turismo internacional de masas
centradas entre Albufeira y Portimao, y disfrutar en cambio, a pocos
kilómetros del mar, de un campo de tierras rojas, salpicado de
pueblos poco afectados aun por el exterior. Suelen estar rodeados de
miles de almendros, naranjos, algarrobos e higueras que crecen
desordenadamente entre flores silvestres..
Cada uno terminará con sus favoritos:
Alcantarilha, Estoi, Almansil o incluso Silves que aunque tiene más
historia que las demás con una modesta catedral gótica y un
castillo, se une a este grupo de típicos centros agrícolas
tradicionales. Loulé, en cambio, ha crecido demasiado y resulta un
tanto decepcionante,a pesar de ser considerada tanto por las guías
como por las mismas gentes de la región, como "el típico
pueblo" de la zona.
LAGOS:
Lagos por su lado es el punto de
partida ideal para explorar el oeste. Como Faro, ofrece ventajas
prácticas que se unen a un emplazamiento excepcional, rodeado de
excelentes playas, tanto en forma de grandes arenales como de curiosas
formaciones rocosas, características de esta costa.
Fue la primera base del famoso Enrique
el Navegante y aun se pueden ver restos de su glorioso pasado que no
llegan, sin embargo, a ser tan impresionantes como la fortaleza que
albergaba la escuela de navegación de este príncipe descubridor,
enclavada en la península de Sagres, a unos 30 kilómetros hacia el
oeste.
Al final se alcanza el tormentoso cabo
de San Vicente, el más meridional de la península ibérica. Un lugar
indescriptible, inquietante que no se olvida con facilidad. Si hace
buen tiempo las vistas son sobrecogedoras; si hay temporal la
experiencia es aún más inolvidable.
Desde allí se puede recorrer por
tortuosas carreteras comarcales la costa más salvaje y virgen de todo
Portugal que va desde Vila do Bispo hasta Odeceixe, pasando por
Aljezur. Los amantes de la soledad harán bien en aprovechar antes de
que acabe llegando la autopista que hasta ahora sólo alcanza a
Portimao.
EL LENGUAJE DE LAS CHIMENEAS:
La arquitectura popular alcanza en el
Algarve cotas de originalidad únicas en Portugal. Así, nadie que
recorra sus pueblos echa en falta la presencia de monumentos
relevantes que tanto abundan en otras regiones del país.
Las chimeneas del sur de Portugal se
han convertido en un tópico aunque no por ello son menos auténticas
y la representación más característica de la región. Parece como
si estos hombres y mujeres tan sobrios y austeros de apariencia
hubiesen encontrado en la construcción de sus chimeneas, y en general
de las cubiertas de sus casas, el medio de expresión más adecuado a
su propio lenguaje.
Aunque cada zona, cada ciudad, tiene su
estilo, hay un enorme campo para la imaginación y la sorpresa. Tavira
destaca por sus múltiples tejados a cuatro aguas que, vistos desde el
castillo, ofrecen un espectáculo insólito. Olhao, en cambio sólo
tiene azoteas, concentrando su interés en la decoración de las
fachadas.
Las chimeneas más espectaculares
surgen cuando menos se las espera, aisladas, en grupo,
desproporcionadamente grandes, minúsculas, en medio de un pueblo o en
pleno campo. Luz es conocida por sus chimeneas puntiagudas;
Alcantarilha por su trabajo de filigranas y la zona de Loulé, y en
general la sierra, por construcciones rectangulares que no llegan a
ser tan aparatosas como las del Alentejo pero si muy diferentes a las
de la costa.
Otra peculiaridad de esta arquitectura,
sobre todo al oeste, es la utilización de decoradísimos remates en
las fachadas, a modo de pretiles que disimulan la presencia posterior
de los tejados. Destaca el cuidado de los detalles , la sabia
utilización de los materiales y la elección del color. Abundan los
blancos, pero no es raro encontrarse con azules electricos, intensos
rojos y amarillos brillantes combinados con los típicos azulejos
portugueses.
ALGARVE SECRETO:
Todavía quedan muchos rincones
solitarios alejados del turismo de masas en esta región portuguesa y
quizá sea el invierno el mejor momento para ir a buscarlos.
Si se prefiere la montaña hay que
dirigirse a la Sierra de Monchique , popular entre los portugueses
pero totalmente desconocida entre los visitantes extranjeros. Los
picos más altos no alcanzan los mil metros aunque dominan todo el
Algarve. El más alto es Fóia pero quizá resulta más atractivo
Picota, al que se llega tras una marcha de una hora y media desde el
pueblo de Monchique, importante centro agrícola, atravesando campos
de alcornoques, pinos y eucaliptus. Estas montañas son conocidas
desde la antigüedad por sus aguas termales y el Balneario de Caldas
de Monchique parece anclado en el S.XIX cuando se venía de todas
partes del país a seguir algún tratamiento para mejorar las
aflicciones de las vías respiratorias. Queda todavía un viejo casino
transformado en centro de artesanía y el conjunto resulta perfecto
para todo el que disfrute de un toque de decadencia y romanticismo.
En cambio si se prefiere el mar , los
mejores escondites están en las islas que conforman el Parque Natural
da Ria Formosa.
Desde Tavira se puede pasar a la isla
del mismo nombre y andar hasta la playa de Barril, un paraíso para
los ornitólogos pero también para los que busquen un lugar desierto
frente al mar. Hay ferris todas las horas en invierno desde el
embarcadero de Quatro Aguas al que se llega en autobús si no se
cuenta con coche.
Desde Olhao se puede ir a las islas de
Armona y Culatra pero a diferencia de la de Tavira están pobladas y
es más difícil encontrar un lugar apacible.
Las islas cercanas a Faro también
están desarrolladas turísticamente excepto Ilha Deserta donde sólo
hay un chiringuito que unicamente está abierto durante los meses de
verano.
En el extremo occidental, en la llamada
Costa Vicentina, hay muchas playas salvajes, siendo quizá la mejor la
de Amado cercana a la Ponta do Arco do Pau, una inmensa roca separada
de tierra por un istmo.
GUIA
PRACTICA:
COMO LLEGAR: La mejor forma es
en coche Desde la provincia de Huelva, a pocos kilómetros de Ayamonte,
sale una autovía que atraviesa dos terceras partes del Algarve hasta
prácticamente Portimao por la parte interior. De forma paralela
circula una carretera costera que tiene acceso a las principales
poblaciones.
Alternativamente desde Vila Real
circula un tren hasta Lagos diez o doce veces al día que conectan con
los autobuses que vienen de Huelva y Ayamonte. No hay avión directo
desde ningún aeropuerto español al Algarve aunque Portugalia y AP
tienen conexiones desde Lisboa.
DONDE DORMIR: La oferta es muy
grande y está abierta a cualquier presupuesto. Desde dos magníficas
pousadas en Sao Bras de Alportel y Sagres, pasando por lo que en
Portugal se llama Turismo Rural que son lujosas casas de campo
transformadas en hoteles con encanto, a 'resorts' internacionales con
campos de golf, sin que tampoco falten cuidadas pensiones en los
núcleos urbanos.y albergues de juventud.
En Faro:
Casa da Lumena. Praça Alexandre
Herculano, 27. Tel. 89-801990
Agradable hotelito en pleno centro
histórico. Ptas.10.000.-
En Lagos:
Hotel Riomar. Rua Candido dos Reis 83
Tel. 82-763091. Funcional y acogedor en el centro. 12.000ptas.
Pousada de Juventude de Lagos. Rua de
Lançarote de Freitas 50 . Tel. 82-761970. Albergue de juventud que
cuenta con algunas habitaciones dobles. A partir de 3.000ptas
En Sagres:
Fortaleza do Belixe. Tel. 82-64124.
Lujoso hotelito asociado a la Pousada. 15.000ptas.
En el interior:
Casa Belaventura. Alfontes(cerca de
Vilamoura). Tel. 289-360633. 4 habitaciones en una gran mansión del
S. XIX en mitad del campo. Ptas.15.000.-
Casa d'Alvada. Quinta de Freixo.
Benafim. Tel. 289-472153. 10 habitaciones en una casa señorial
integrada en una propiedad agricola entre la sierra y la costa. Ptas.
14.000ptas.
Quinta da Fonte do Bispo. Sta.
Catarina. Tavira. Tel. 281-971484. 6 habitaciones en una finca rural
tradicional de paredes blancas, tejas rojas y cuidada decoración.
Ptas. 14.000.-
DONDE COMER:
En el Algarve se encuentran algunos de
los restaurantes más caros y exquisitos del país ubicados casi
siempre en los nuevos centros turísticos como Vilamoura o Albufeira
donde se encuentra el Rest. Villa Joya o Santa Barbare de Nexe donde
se puede comer a precios exorbitantes en la famosa La Reserve que
pertenece a Relais y Chateaux pero afortunadamente se puede seguir
comiendo igualmente bien en otros establecimientos tradicionales más
modestos, situados casi siempre en las cercanías de los puertos
pesqueros.
En Faro una buena opción es Cidade
Velha. Rua Domingos Guieiro,19.
Otra es la Adega Nortenha. Praça
Ferreira de Almida, 25. Alrededor de 3000ptas.
En Lagos un lugar sin pretensiones pero
con una buena cocina es Don Sebastiao. Rua 25 de Abril, 20-22. Ptas.
3.500 o más
En Sagres el restaurante O Telheiro en
la Praia de Mareta une un buen ambiente, una cocina decente y un
magnífico emplazamiento. Más de Ptas.3.000ptas..
En Loulé: Casa dos Arcos. Rua Sá de
Miranda,23. Básico pero con personalidad. Más de 2.000ptas.
No hay que perderse dulces con nombres
tan sonoros como Don Rodrigos o las Almohadas de Novia.
COMPRAS: Sigue habiendo mucha
artesanía tradicional. En Loulé se hacen curiosos objetos de cobre,
en Porches se sigue elaborando una alfareria con resonancias moriscas,
en Lagos se pueden encontrar jerseys llenos de color y Vila Real sigue
insistiendo con los productos portugueses que más han atraido a los
españoles como toallas y prendas de algodón.