En
los límites meridionales de Extremadura, a dos pasos de Andalucía,
miles de grullas se hacen dueñas cada invierno de las dehesas que
circundan la misteriosa Azuaga, uno de los secretos mejor guardados de
la provincia de Badajoz.
A
lejada de las grandes rutas
turísticas que atraviesan Extremadura, la Campiña Sur es quizá una
de las comarcas más desconocidas de la región, habiéndose salvado
unicamente del olvido la monumental Plaza Mayor porticada de Llerena.
Y sin embargo este suave paisaje de leves ondulaciones casi
mediterráneo, en las estribaciones de Sierra Morena, donde crecen
cereales, girasoles, vides y olivos, esconde para los amantes de la
naturaleza una de las principales áreas de invernada de grullas en
toda la península, así como el hábitat natural de avutardas,
sisones y aves esteparias. Aquí como en pocos sitios, se aprecian los
contrastes estacionales. El cambio cromático de estas tierras, según
la época, es extraordinario y es en invierno cuando el juego de luces
y colores se evidencia con mayor intensidad.
La otra gran sorpresa de la comarca es
Azuaga , una población que despliega poderío y grandeza por los
cuatro costados. Su pasado árabe lo delata su propio nombre derivado
de Al Zuwaga, nombre de una de las tribus bereberes que se asentaron
en Extremadura. Sin duda ha conocido tiempos mejores, cuando dominaba
una importante industria minera pero aun conserva un espléndido
conjunto urbano dominado por el castillo de Miramontes, numerosas
plazas plantadas con palmeras y naranjos y algunos monumentos
excepcionales. Ninguno es comparable a la iglesia de la Consolación,
una de las indiscutibles joyas del gótico tardío extremeño
comenzada en época de los Reyes Católicos. Si lo primero que llama
la atención es la torre de tres cuerpos ya en estilo plateresco, no
se tarda en descubrir la puerta occidental decorada con una compleja
filigrana de motivos florales y geométricos enmarcada por columnas
con resonancias manuelinas. El amplio interior cubierto por una
bóveda de crucería todavía conserva varios retablos interesantes y
una curiosa pila bautisnal en barro vidriado.
La austeridad de la iglesia de la
Merced de estilo gótico mudejar que asemeja a una fortaleza contrasta
con la exuberancia barroca de la parroquia del Cristo del Humilladero
con su media docena de cúpulas que domina el horizonte.
Aunque hay un par de hostales en el
núcleo urbano vale la pena saborear los placeres de la Campiña
alojándose en una casa rural como El Agostero
(Tel.924899010/954615257)que recuerda los refugios que los rebaños
utilizaban en verano para pastar lejos de los calores propios de la
época. Maria Angeles Peña que posee una finca en las cercanías de
Malcocinado a 12 km de Azuaga ha transformado una de las edificaciones
rurales en un singular hotelito con cuatro habitaciones decoradas en
el más puro estilo campestre extremeño. Los usuarios pueden cocinar
libremente o bien degustar las típicas muestras gastronómicas de la
zona que la dueña de la casa oferta como migas, calderetas y cocidos
siempre acompañados de embutidos serranos. Desde allí se puede
explorar el campo al amanecer cuando es más fácil avistar los miles
de aves que encuentran refugio en estas tierras.
NO OLVIDE
Probar el cachofro, la mejor forma de
saborear el cordero de Extremadura que desde hace unos años tiene
Denominación de Origen específica. Este guiso de pastores puede ir
acompañado de una sopa de berros o de almendras además de una
ensaladas de con pestorejo e hígados de cerdo.
Explorar los restos romanos y árabes
en Reina, la antigua Regina donde se ha excavado un teatro en
excelente estado de conservación. En un cerro que se eleva sobre la
población está la alcazaba del S.XII que fue construida en gran
parte con materiales reciclados de la cercana ciudad romana.
Seguir la ruta del mudejar extremeño
en la vecina población de Granja de Torrehermosa cuya iglesia de la
Purísima es uno de los ejemplos más espectaculares de este estilo,
especialmente en lo que respecta a la esbelta torre de ladrillo
profusamente decorada con motivos geométricos.
Darse un paseo a pié por la exuberante
Rivera del Ara, comenzando en Fuente del Arco. Desde el Puerto del
Castaño sale una vereda que alcanza un antiguo molino de harina
conocido como Madre del Agua,en cuyo interior nace este río.
Siguiendo su cauce se llega a la ermita de la Virgen de Ara cuyo
interior conserva pinturas del S.XV.