Separando
con arrogancia el mar Cantábrico de la inmensidad del océano
Atlántico, el macizo granítico de Estaca de Bares guarda celosamente
uno de los paisajes más agrestes e inquietantes de Galicia.
En el mismo límite entre Lugo y A
Coruña se adentra en el mar, como un inmenso sable de cerca de siete
kilómetros, la punta más septentrional de la península ibérica, un
lugar mítico, cargado de misterio donde tempestades y nieblas han
marcado desde siempre el ritmo de su historia.
A la altura de la parroquia de Mogor,
en la carretera nacional que recorre la cornisa cantábrica (N-642) un
flamante puente de hierro conduce a O Barqueiro, la puerta de entrada
a la última de las estribaciones de la sierra de Faladoira. Hasta
1901 sólo era posible atravesar la desembocadura del río Sor con la
ayuda del barquero que ha dado nombre a esta pintoresca población
marinera. Es recomendable hacer parada en algunos de los cafés de la
plaza de San Agustín antes de adentrarse en el laberinto de caminos y
veredas que recorren la tortuosa y compleja geografía de Estaca de
Bares. Se puede llegar en coche a casi todas partes pero vale la pena
dejar pronto la maquina para perderse por este feraz paisaje cargado
de leyendas. No se tarda en descubrir el puerto de Bares que todavía
conserva un dique fenicio del siglo VII antes de Cristo de más de 80m
que servía para facilitar el transporte de minerales que se extraían
de los montes cercanos. Más tarde llegarían los romanos y se tiene
constancia que los primitivos gallegos utilizaron el puerto como punto
de partida para sus expediciones por Bretaña e Irlanda.
De allí una carretera alcanza el faro,
erguido imponente a cien metros de altura, muy cerca del mismo cabo,.
Está rodeado de acantilados donde nunca deja de batir el mar y los
cambios bruscos de tiempo son tan peligrosos como imprevisibles. Media
docena de caminos conducen a lugares tan misteriosos como un castro de
la edad del bronce o las ruinas de una antigua estación militar del
S.XVIII que pronto se convertirá en privilegiado alojamiento desde
donde se divisa un extraordinario panorama de esta parte de la costa.
También hay un importante observatorio ornitológico desde donde se
han contabilizado una media de más de 100.000 aves migratorias entre
el final del verano y el comienzo del otoño. Tampoco han faltado los
americanos que en 1962 instalaron una base de navegación aérea que
permanece abandonada y fantasmagórica.
Y de forma inesperada surgen
espectaculares playas escondidas entre farallones como la de Esteiro ,
con un inmenso arenal protegido tras un frondoso pinar o la de Vilela,
aun más recóndita y privada.
Estaca de Bares es el punto más
septentrional del municipio de Mañon, una larga y estrecha franja que
oscila entre los 1000/1400m de ancho y con una longitud de 30
kilómetros que sigue el curso del río Sor, encajonado por las
estribaciones de la sierra Faladoira. Es una zona prácticamente
despoblada, perfecta para practicar la pesca, al abundar la trucha ,
el reo, las anguilas y en menor medida los salmones.
NO OLVIDE
Recorrer la ribera del río Sor donde
se encuentra la plantación de camelias más importante de Europa y la
segunda del mundo en la finca Torre de Lama donde también se puede
ver un imponente pazo cuya historia se remonta al siglo XV.
Conocer en profundidad la vida rural de
la zona hospedándose en la Casa Lamelas, un alojamiento rural
ejemplar en la aldea de Morgallón (Negradas) desde donde se contempla
una vista extraordinaria de la desembocadura del Sor. Tel. 982590143.
Probar la cocina marinera de los
restaurantes del vecino puerto de O Vicedo donde no faltan mariscos y
pescados recién salidos del Cantábrico que se pueden combinar con el
sabroso pote gallego típico de la zona.
Explorar los monumentos megalíticos de
la comarca especialmente los dos únicos cromlech de Galicia en Pontes
y el dolmen de Forno dos Mouros, fuente inspiradora de las más
variadas y escabrosas leyendas populares.