Moruna,
exuberante y generosa, Fraga, la capital de la comarca del Bajo Cinca
aparece como un inesperado oasis de verdor y abundancia después de
atravesar el pedregoso desierto de los Monegros.
A pocos kilómetros de la autopista
Zaragoza -Barcelona y en los mismos límites entre Aragón y
Cataluña, Fraga sigue dominando uno de los puntos estratégicos más
singulares de la península. Su casco antiguo encaramado en un
altozano de color rojizo revela las características de una típica
ciudad árabe, con un laberíntico entramado de calles estrechas,
llenas de cubiertas y pasadizos. Ya en su interior, reina un aire
caótico, algo descuidado aunque muchas de sus casas de adobe están
siendo meticulosamente restauradas después de años de abandono. El
edificio más llamativo sigue siendo el palacio de los Montcada,
señores de esta villa entre 1251 y 1336. Es un antiguo caserón de
sillería y ladrillo, con un alero esculpido en el mejor estilo
aragonés que sirvió como residencia de Felipe IV en 1644, mientras
dirigía las operaciones contra los 'segadors' catalanes. Allí le
pinto Velazquez uno de sus mejores retratos que se encuentra en la
Colección Frick de Nueva York y también aprovechó para que le
posase "El Primo", uno de los bufones favoritos del monarca.
Ahora se ha convertido en un centro cultural que incluye un curioso
museo, donde se revelan las claves sobre las peculiaridades de esta
villa. Hay piezas y objetos interesantes desde la época prehistórica
revelando su privilegiada posición desde la Antigüedad. Las más
importantes provienen de la cercana Villa Fortunatus, una
construcción de lujo de la época romana imperial, a medio camino
entre Tarraco y Cesaraugusta.
Tras cuatro siglos de dominio
musulmán, Ramón Berenguer IV la reconquistaría en 1159 aunque
tolerando la presencia de una importante comunidad musulmána y
judía, lo que marcaría para siempre la configuración urbana y la
economía de la zona, centrada en una huerta feraz alimentada por un
sofisticado sistema de acequias. Las mezquitas sin embargo serían
rapidamente transformadas en iglesias como lo demuestran la de San
Pedro y la de San Miguel, esta última construida en lo más alto de
la ciudad desde donde se domina un magnífico panorama.
Fraga no es sólo capital del Bajo
Cinca sino también de la Franja, una zona vinculada al ámbito
cultural catalán pero que se sigue sintiendo profundamente aragonesa.
Tanto en la lengua, como en los trajes tradicionales y en la
gastronomía, se descubre un fascinante sincretismo de culturas que
resulta ser el principal encanto de esta ciudad que permanece al
margen de los circuitos turísticos.
De esta parte de Aragón no hay que
irse sin conocer su tradición alfarera a través de las 'bóbilas´'
o alfares que se pueden encontrar en sus alrededores. La más
tradicional está representada por la fabricación de cántaros y
botijos con formas que se remontan a la época de los árabes. El
monumento a la fragatina que preside la plaza mayor , lleva
precisamente en la cabeza uno de esos típicos cacharros de doble asa.
Se pueden comprar en el taller de Arturo Margallo. También se trabaja
en la zona la cerámica vidriada, siendo buenos representantes de este
tipo de artesanía los herederos de Antonio Arellano.
NO OLVIDE
Probar la gastronomía local dominada
por cocas donde se hace generoso uso de los frutos de la huerta sobre
todo del higo, el membrillo y las almendras. También se cocinan de
muchas formas los caracoles. Probar en los restaurantes Oasis y
Casanova, en la carretera de Madrid
Explorar el valle del Cinca siguiendo
el rastro de sus fortificaciones medievales. Las más imponentes
están en Monzón al norte y en Mequinenza en el sur aunque no hay que
olvidarse de la Torre de los Frailes a las mismas puertas de Fraga.
Aprovechar alguna de sus numerosas
fiestas para ver a los mozos vestidos con balons y a las mozas
ataviadas de Mocadors (mantones de Manila) y faldetes. El día de la
faldeta es el 23 de abril pero también se viste en otras
celebraciones como Les Fogueres de Sant Antoni (16 de enero), en
Carnestoltes (carnaval), Festes del Pilar y la Castanyada(31 de
octubre).
Darse una paseo por la Serreta Negra,
un bosque al oeste del municipio muy poco alterado por el hombre que
conserva una vegetación típicamente mediterránea que contrasta con
los cultivos de la huerta.