REPUBLICA DOMINICANA

GRANDES VIAJES    -    Diciembre 2000

DONDE LA VIDA ES PURO MERENGUE

 

 
 

 

        Si a muchos otros destinos vale la pena llegar con la lección bien aprendida, al Caribe en cambio hay que abordarlo siempre de forma virginal, con la mente limpia de tópicos y prejuicios, habiendo borrado de antemano todas las estereotipadas imágenes de folletos con las que nos bombardean las mil y una campañas publicitarias. También hay que olvidarse por un momento de las raíces comunes de todas estas islas para concentrarnos en sus particularismos, sus diferencias. Sólo así podremos sumergirnos y disfrutar al máximo del torrente de sensualidad y sincretismo que nos espera y que no nos equivoquemos, nunca es el mismo en Puerto Rico, Cuba o en la República Dominicana.

En la República el calor que se recibe es inmediato e inmensamente dulce, entra por los poros y no tarda en expandirse por todo el organismo. No sólo es una cuestión de temperatura del ambiente sino sobre todo de temperamento. El dominicano es tan amoroso y sensual que es puro merengue; acoge al visitante y sobre todo si es español, con mimo y verdadera pasión. No lo demuestra tanto por la palabra sino con la mirada y el tacto. Un país es ante todo su gente y los actuales habitantes de la isla que Cristobal Colón descubrió el 5 de diciembre de 1492, son el resultado de una asombrosa mezcla de razas y culturas que tienen como prioridad disfrutar sin límites del imperio de los sentidos.

SANTO DOMINGO

La mayoría de los dominicanos, cuatro del total de siete millones, viven en la capital, Santo Domingo y es allí donde hay que comenzar la exploración de este singular país caribeño. No hay que esperar playas, ni un mar particularmente atractivo pero Santo Domingo no deja a nadie indiferente ya que puede que sea el lugar con más carisma de la isla. Lo primero que sorprende es su inmensidad pero también su falta de aglomeraciones. A diferencia de otras ciudades, especialmente europeas, donde en los cascos históricos se superponen restos de otras urbes más antiguas, aquí no se ha construido una y otra vez sobre los mismos cimientos, sino que se ha ido expandiendo el perímetro urbano.

Aunque le precedieron el Fuerte Navidad y La Isabela, en el norte de la isla, la primera verdadera ciudad de América fue precisamente Santo Domingo, fundada el 4 de agosto de 1496 por el Adelantado Bartolomé Colón, hermano del Almirante que le dio ese nombre por la gran devoción que sentía hacia el santo español nacido en Caleruega hacia 1170. No tardaría sin embargo en ser abandonada para refundarse al otro lado del río Ozama, el verdadero alma de esta metrópoli centro americana. Aprovechando el simbolismo que representaban los olvidados restos de esa primera capital, se construyó sobre sus ruinas, para conmemorar el 500 aniversario de la llegada a la isla de los españoles, el Faro de Colón, un inmenso y desolado monumento en forma de cruz inclinada que dice albergar los restos del Descubridor y desde cuyos vértices se disparan, en privilegiadas noches, un haz de luces que conforman una gigantesco crucifijo en el cielo.

Mucho más éxito tuvo la segunda ciudad que se construyó en 1502 , no sólo ha sobrevivido hasta nuestros días sino que en 1990 fue declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad por considerarla una de las grandes ciudades coloniales mejores conservadas del continente americano. Su recinto amurallado nos ha llegado casi íntegro y en su interior se pueden todavía visitar docenas de palacios e iglesias en el más puro estilo renacentista además de la primera fortaleza que construyó el gobernador Ovando.

EL CONDE

Hay que entrar a la vieja y gloriosa Santo Domingo por la puerta grande, desde el Parque de la Independencia, donde aun se pueden ver los restos del Fuerte de la Concepción que cobijan un monumento a los héroes de la República. Nada más atravesar la puerta se alcanza El Conde, la principal arteria del casco antiguo, actualmente peatonalizada y que aún se considera uno de los principales núcleos comerciales de la capital. Ya no concentra los establecimientos más selectos pero sigue habiendo docenas de tiendas, eso sí, rodeadas de cientos de puestos callejeros donde se vende de todo y siempre a ritmo de un edulcorado y trepidante merengue que comienza al amanecer y no se sabe cuando termina. En la República Dominicana no hay que llevar cascos para escuchar música, la banda sonora está siempre presente, en la calle, en los museos, en los hoteles y naturalmente en los taxis, motoconchos y autobuses.

Si los edificios actuales de El Conde son primordialmente del XIX, no hay más que adentrarse por alguna de sus calles laterales para que comiencen a surgir palacios, iglesias, hospitales y conventos de los siglos XVI y XVII. Están construidos invariablemente con esa roca caliza coralina tan porosa como duradera que caracteriza la costa sur de la isla. A veces tiene tonos rosados como en la Iglesia de las Mercedes y otras matices ocres, como ocurre en San Lázaro o en el convento de los Dominicos pero casi siempre, si se la mira de cerca, revela un milenario pasado marino a través de incontables fósiles incrustados en sus resquicios. De vuelta a El Conde, ya casi a la entrada al Parque Colón, el museo del Ambar tienta a los amantes de las joyas y de lo sobrenatural. En la República Dominicana se encuentran verdaderas maravillas de este extraño mineral orgánico que puede esconder restos vegetales pero también pequeños insectos atrapados en el tiempo.

El Parque Colón es una de las plazas con más carácter del país. A un lado está la Catedral Primada de América. No puede competir en tamaño y riqueza decorativa con muchas de sus sucesoras del continente pero fue la primera y su disparatada mezcla de estilos, donde se combina el mudéjar con el barroco y el gótico, pasando por el herreriano y el barroco, es de alguna forma reflejo de la convulsionada historia y del sincretismo de culturas que conforman la realidad actual de la isla. Frente a ella un pomposo palacio clásico nos recuerda que los franceses y más concretamente los haitianos rigieron los destinos de esta ex-colonia española durante gran parte del S.XIX.

La historia de la isla que Colón bautizó como La Española, no se parece a ninguna otra al haber compartido desde muy pronto su destino con la presencia de franceses, a los que la corona española terminaría cediendo todo el territorio en época de Carlos IV. Por ello a diferencia de Cuba, aquí nunca hubo una guerra de independencia, muy al contrario se pidió a España varias veces que volviese a regir sus destinos. Eso explica quizá el desprecio irracional hacia todo lo haitiano que siente el dominicano, a pesar del gran número de ciudadanos de ese país que vive en la República y el amor sin sombra de resquemores que profesa hacia la Madre Patria. Nuestra presencia sigue especialmente viva a través de los proyectos del Instituto de Cooperación Iberoamericana que está desarrollando intensos trabajos de recuperación de los principales edificios históricos, además de la iluminación nocturna de estos que los Reyes inauguraron en su reciente visita el pasado otoño.

Las calles Isabel Católica y Arzobispo Meriño cuentan con edificios notables pero ninguna es comparable a la de Las Damas que atraviesa de forma perpendicular El Conde en su extremo norte. Allí se suceden adustos palacios, como el de Hernán Cortés hoy transformado en Embajada de Francia, el que albergó la Audiencia y las llamadas Casas Reales que lindan con los muros del Fuerte Ovando y en cuyo interior se puede admirar la esbelta Torre del Homenaje. Más allá el antiguo monasterio de jesuitas se ha convertido en el Panteón Nacional. Hay también varias iglesias como la de los Remedios, antes de desembocar en la plaza de España sin duda la más espectacular de esta ciudad antigua. Está bordeada de otros importantes edificios civiles de la colonia como el Tribunal de Cuentas, el Alcazar o Palacio de los Colon o las Atarazanas, todos ellos convertidos en museos que cubren diferentes facetas de la época virreinal.

BACHATA ROSA

Por la noche la plaza se transforma en uno de los lugares más animados de Santo Domingo. Las terrazas se llenan de gente luciendo sus mejores galas y los bares de copa abren sus puertas. Uno de los más conocidos es el Bachata Rosa que pertenece al popular Juan Luis Guerra y que ofrece en un ambiente oscuro y sofisticado, cócteles con los nombres de las canciones de su propietario.

Al caer la tarde el sonido del merengue más estruendoso domina por completo la ciudad. No hay demasiada diferencia entre el que se escucha en los modestos colmados de barrio, en los chiringuitos al borde del río o en el Malecón, con el que bailan las clases más acomodadas en las discotecas de los hoteles de lujo de la Avenida George Washington. El dominicano, sea cual sea su condición social, no puede vivir sin su merengue y esa obsesión puede resultar contagiosa.

Antes de abandonar la Santo Domingo colonial hay que pasarse por el Mercado Modelo, una cueva de Alí Babá, donde los alimentos han cedido su lugar a cientos de tiendas de artesanía. Se puede encontrar pintura naif, instrumentos musicales caribeños, orfebrería, piezas de ambar, objetos de carey y curiosas figuritas relacionadas con la santería, además de la discografía completa de los grandes intérpretes de la bachata y del merengue Otro producto típico es el ron del que se elabora en diferentes variedades. Aunque si se tiene verdadera sed lo mejor es probar la otra bebida nacional: el merengue que es como todo lo dominicano, extremadamente dulce y excitante.

Más allá de la ciudad histórica surge un Santo Domingo tan prodigioso como diverso. Se podrían buscar las huellas de la ciudad del dictador Trujillo siguiendo la novela de Vargas Llosa, "La Fiesta del Chivo", aun quedan algunos de sus palacios transformados en ministerios e instituciones oficiales. Ahora el barrio más exclusivo es Arroyo Hondo que está prácticamente rodeado por el magnífico jardín botánico aunque en los últimos tiempos hay una tendencia entre las clases pudientes por trasladarse a alguna de las torres que se han construido en la Avenida Anacaona, un mirador de privilegio frente al mar. A nivel comercial, las tiendas de mayor prestigio se concentran en un cuadrilatero que estaría formado por la avenida John F. Kennedy, la Abraham Lincoln, la 27 de Febrero y la calle del Dr.Fernando donde no sólo los nombres de las calles revelan una descarada influencia norteamericana. También vale la pena explorar la avenida marítima George Washington. En algo más de mil metros se concentran los mejores hoteles, destacando la remodelación interior que ha llevado a cabo Meliá en el antiguo Sheraton. Su director André Gerandeau , que es presidente de la Asociación de Hoteles de la ciudad, lidera un gran proyecto de renovación de los equipamientos turísticos que convertiría a la capital dominicana en un gran centro de atracción en el Caribe, en la puerta de entrada a un país desconocido que incluye maravillas naturales como el Parque Nacional Isla Cabritos que alberga el lago Enriquillo o la Reserva Científica del Ebano Verde además de las montañas más altas de las Antillas.

JIPETAS Y MOTOCONCHOS

Para el visitante que viene por primera vez es recomendable sin embargo concentrar su interés en el este de la isla. La carretera nacional número 3 bordea la costa hasta La Romana, la capital azucarera de la república. Se puede alquilar un coche sin chofer pero el aspirante a conductor debe tener en cuenta que en este rincón del Caribe no se respeta ninguna norma, ni código de circulación. Las jipetas, motoconchos, guaguas y demás fauna automovilística siguen una inercia profundamente individualista que ralla con el autismo. ¡Que nadie se alarme ! Ese caos no significa que los accidentes sean excesivamente numerosos. Aunque por si acaso lo mejor es ponerse en manos de un profesional que como no, a ritmo de merengue, le descubrirá las provincias del este.

La primera parada hay que hacerla nada más salir del perimetro urbano en Los Tres Ojos, una complejo sistema de cuevas con estalactitas y estalagmitas que incluye varios lagos de aguas transparentes. Después de dejar a un lado el aeropuerto internacional, se llega a Boca Chica, la playa más cercana a Santo Domingo, un lugar extremadamente popular repleto de chiringuitos donde probar platos típicos como el chenchén, el mangú o el mofongo, en ellos nunca falta ni la yuca, ni el platano ni el arroz, y dicen los expertos que saben mucho mejor si se les riega con una cerveza Presidente.

BEISBOL

La carretera sigue bordeando la costa, salpicada de centros hoteleros, de mayor o menor lujo aunque casi siempre controlados por alguna de las grandes cadenas hoteleras españolas. Y de pronto se alcanza San Pedro de Macorix, una de las grandes poblaciones industriales del país pero sobre todo un lugar obsesionado por el beisbol. Varias de las grandes figuras de ese deporte en los Estados Unidos provienen de esta cantera. Nadie explica bien su origen pero lo cierto es que a finales del S.XIX un gran número de esclavos emancipados durante la Guerra de Secesión americana se instalaron en esta zona de la isla, trayendo con ellos una serie de costumbres que todavía perduran. Se les llama 'cocolos' y se les reconoce por el intenso color negro de su piel, sólo comparable al de los muchos haitianos que trabajan la caña de azúcar, en los campos de la vecina provincia de la Romana.

Su nombre no tiene nada de latino sino que proviene de una enorme balanza que se encontraba en la capital que comparte el mismo nombre. El principal interés de La Romana radica en la posibilidad de conocer de cerca el proceso de elaboración del azúcar y del ron, en los muchos ingenios que se encuentran en la comarca. Siguen mayoritariamente controlados por la empresa americana Gulf & Western que tiene una concesión hasta bien entrado el S.XXI.

ALTOS DE CHAVON

Charles G. Bluhdorn, presidente de la multinacional azucarera durante los años sesenta es el responsable de una de las atracciones más curiosas de la zona. Hace unos cuarenta años decidió regalar algo muy especial a su hija para su cumpleaños y conociendo la pasión que esta tenía hacia la Toscana, terminó construyéndole un pueblo italiano en los Altos de Chavón, uno de los lugares más espectaculares que pueda imaginarse. Medio centenar de casas medievales, una iglesia románica y un teatro clásico conforman este singular capricho que desde hace un tiempo ha sido convertido en una ciudad de artistas, al haberse instalado en él varios talleres y una Escuela de Bellas Artes. También se han abierto media docena de restaurantes de lujo además de varias tiendas de moda, incluida una dedicada enteramente a ropa de Oscar de la Renta, el mítico diseñador dominicano. Los alrededores han sido utilizados como decorados naturales para varias películas incluida "Apocalipsis Now"de Francis ford Coppola. En la actualidad el pueblo está enclavado en el complejo Casa de Campo, uno de los club privados más exclusivos del Caribe que alberga el famoso hotel del mismo nombre.

La siguiente parada hay que hacerla en el minúsculo puerto pesquero de Bayahibe donde nunca falta algún tiburón entre las capturas de cada día. De allí salen veloces fuerabordas hacia las islas Catalina y Saona. La primera cuenta con los fondos marinos más sobrecogedores de la costa dominicana y en la segunda el viajero después de una travesía alucinante, por un mar que cambia continuamente de color, se encontrará casi de sopetón, con la postal del folleto mil veces repetida: agua color turquesa, playa de arena inmaculadamente blanca, bordeada por un bosque de cocoteros, salpicado por media docena de cabañas de madera donde pedir un cuba libre o cualquier otro combinado con ron, sin que tampoco falte el sonido de un merengue que deja bien claro que esta isla deshabitada pertenece a la República Dominicana.

Antes de que anochezca y se desvanezca el sueño, hay que volver a tierra firme ya que los mosquitos se hacen dueños del entorno.

BATEYS

De Bayahibe al extremo este de la república Dominicana hay unos cien kilómetros por carretera asfaltada pero resulta más rápido y exótico, si se cuenta con el vehículo apropiado, seguir la vía del antiguo ferrocarril de la caña de azucar que atraviesa inmensos campos cuyos únicos núcleos de población son los modestos batey. Son poblados con casas de maderas, casi siempre pintadas en colores chillones, donde viven los trabajadores de la caña, mayoritariamente haitianos. Llama la atención que por muy pobres que sean, incluso los que no tienen ni un colmado donde adquirir los productos básicos, cuentan con un flamante salón de belleza donde olvidar por unas horas la miseria que les rodea.

Si se sigue en cambio la carretera nacional, se alcanza a medio camino Higuey, la capital de la provincia de Altagracia. Se trata en realidad de un pueblo polvoriento y primitivo, con aire de película del oeste, cuya vida gira alrededor de un descomunal santuario dedicado a la Virgen de Altagracia, patrona de la isla, construido en el más severo estilo brutalista. Más interés tiene la antigua iglesia parroquial del S.XVII, a pesar de su exiguo tamaño. Es la última población de cierta importancia en la zona y sigue teniendo ese carácter salvaje y desabrido de muchas poblaciones fronterizas.

PUNTA CANA

Para llegar al extremo oriental de la isla hay que cruzar aun cuarenta kilómetros de cañaverales y campos semi-abandonados pero al final el viajero ve su esfuerzo recompensado, ya que alcanza un verdadero edén en forma de frondoso bosque de cocoteros en cuyo interior se han construido la veintena de complejos hoteleros que constituyen Punta Cana.

Hace apenas veintitantos años que los hoteleros mallorquines Escarrer y Barceló redescubrieron este paradisiaco rincón de la República que permanecía totalmente virgen. Cuarenta kilómetros de playa frente a un coral de arrecifes y bordeado por cientos de miles de cocoteros. Desde un primer momento tenían muy claro que el desarrollo turístico de la zona tendría que ser muy distinto al que se había hecho en las costas mediterráneas y se apostó por una construcción de desarrollo horizontal, repartida por una extensa zona, para no deteriorar de forma radical el ecosistema.

Esta filosofía sería llevada hasta sus últimas consecuencias por el arquitecto Alvaro Sans a través del concepto del 'ecoresort'. El primer ensayo se hizo en el que por entonces se conocía como el Meliá Bavaro, un proyecto que sería premiado en 1992 por la Universidad Iberoamericana de Santo Domingo, como el primer gran hotel ecológico del Caribe. Le seguirían otras realizaciones en la zona que irían perfeccionando la idea de integrar un complejo hotelero dentro del medio natural y que al mismo tiempo contase con todo tipo de servicios y siempre del máximo nivel. A mediados de los noventa Paradisus Punta Cana marca un nuevo hito en este camino, al integrar 500 habitaciones de lujo, repartidas en 37 villas en medio de un inmenso manglar al que apenas se ha alterado su ecosistema.

PALMA REAL

La culminación de este nuevo tipo de arquitectura y desarrollo turístico es el complejo Palma Real. En un terreno de medio millón de metros cuadrados se han repartido 44 bungalows con 24 suites cada uno, de más de 40 metros cuadrados. Se han diseñado dos campos de golf de 18 hoyos y los jardines han sido aun mucho más cuidados que en los anteriores proyectos, introduciéndose plantas tropicales que conviven con garzas, flamencos y pelícanos en sus lagunas y acuíferos. Las zonas comunes que incluyen once restaurantes, varios salones y un casino, han sido construidas inspirándose en modelos vernaculares, tanto asiáticos como americanos, siempre apoyados por la constante presencia del agua y la vegetación más exuberante. Escondido en el manglar se descubren centros de belleza, gimnasios y centros de ocio para los más pequeños. Cada zona en particular tiene sus piscinas privadas pero también hay verdaderas lagunas artificiales siempre rodeadas de bares donde pedir infinitos daiquiris y piñas coladas, el precio de la habitación incluye todas las consumiciones- antes de vivir de lleno el sueño del Caribe sumergiéndose en unas aguas aun más transparentes frente al arrecife coralino.

 

GUIA PRACTICA:

Cómo llegar:

Iberia tiene vuelo diario desde Madrid a Santo Domingo aunque algunos días hace escala en San Juan de Puerto Rico. Air Europa tiene 3 vuelos a la semana desde Madrid a Santo Domingo, 2 a Punta Cana y 1 a Puerto Plata. Ambas compañías utilizan el aeropuerto de las Américas en Punta Caucedo a Santo Domingo. Los vuelos interiores operan desde el aeropuerto Herrera en la misma capital. Iberia(www.iberia.com- Tel.902400500) ofrece hasta finales de febrero una tarifa de 65.000ptas.más tasas pero sólo en internet. Sino a partir de 112.000ptas..

Dónde dormir: :

En Santo Domingo:

Hotel Meliá Santo Domingo. Av. George Washington,365. Reservas. Tel.902144444 Tel.001(809)-2216666 . 245 habitaciones. 8 suites y 8 junior suites además de 3 pisos de Servicio Real con 75 habitaciones de lujo más 5 suites, una de ellas presidencial.

Precio: más de 40.000ptas.

Hotel Francés. Calle Las Mercedes. Tel. 00-1-(809)6859331.19 habitaciones decoradas en estilo colonial. Precio: 25.000ptas.

En Punta Cana:

Complejo Palma Real- Hoteles Meliá Caribe y Meliá Tropical. Playa Bavaro. Tel.reservas. 902144444 . Tel. 001(809)6867499. 1044 habitaciones de 40m2. 11 restaurantes. Casino. Golf. Spa. Centro de deportes naúticos Precio: Más de 33.000ptas por persona, todo incluido.

Paradisus Punta Cana. Playa Bavaro. Tel. Reservas:902144444. Tel. 001(809)6879923. 433 suites de 45m2 en 29 bungalows. 7 restaurantes, Spa. Centro de deportes naúticos. Precio: Más de 50.000 ptas por persona todo incluido. En este caso todos los productos son de primerísima calidad y el servicio es de 24 horas.

Dónde comer:

En Santo Domingo:.

Si se prefiere la cocina criolla el restaurante El Conuco. Calle Casimiro de Moya,152 ofrece un buffet muy completo con sancocho y otros platos típicos en un entorno muy pintoresco incluyendo un espectáculo musical. Precio:5.000ptas.

Si se prefiere cocina española el mejor es el restaurante Juan Carlos. Calle Gustavo Mejía Ricart,7. Precio:4.000ptas.

Entre los italianos destaca Da Vinci . Avda. George Washington,365. Reservar: Tel. 00-1-(809) 2216666. Precio:5000ptas. Se especializa en una cocina imaginativa buscando sus raices en las especialidades de varias regiones italianas.

En Punta Cana, Puerto Plata y otros centros turísticos la comida suele estar incluida en el precio. Casi todos los hoteles tienen una gran variedad de restaurantes donde elegir.

 

Cambio de hora: 5 horas  Acaban de cambiar el huso horario y resulta tan impopular que puede que lo cambien de nuevo

Documentación:

Pasaporte con 6 meses de validez. En el aeropuerto tanto a la entrada como a la salida hay que pagar 10$US

Idioma: Castellano

Moneda: Peso dominicano que equivale a unas 12 Ptas.

Teléfono: Para llamar a la República Dominicana marcar 001809 + Desde allí lo más cómodo y barato es utilizar el servicio España Directo marcando 18003330234

Electricidad: 110 voltios

Clima: En general hay dos estaciones. En invierno de diciembre a mayo hay menos humedad, la temperatura es más templada y el mar suele estar más tranquilo. En verano hace mucho calor y llueve casi todos los días. La temperatura media durante todo el año es de 27º aunque en verano se acerca a los 38º.

Más información:

Embajada de la República Dominicana en España: Pº Castellana,30. Tel.914315395

Oficina de turismo en Madrid : Juan Hurtado de Mendoza,13. Tel. 913509483.

Páginas web:

www.dominicana.com.do

www.hispaniola.com

www.sdq.com

www.lasamericastraveldo.com

LIBROS RECOMENDADOS:

Guía Total República Dominicana. de Anaya

La. Fiesta del Chivo. Mario Vargas Llosa. Alfaguara