Si
a muchos otros destinos vale la pena llegar con la lección bien
aprendida, al Caribe en cambio hay que abordarlo siempre de forma
virginal, con la mente limpia de tópicos y prejuicios, habiendo
borrado de antemano todas las estereotipadas imágenes de folletos con
las que nos bombardean las mil y una campañas publicitarias. También
hay que olvidarse por un momento de las raíces comunes de todas estas
islas para concentrarnos en sus particularismos, sus diferencias.
Sólo así podremos sumergirnos y disfrutar al máximo del torrente de
sensualidad y sincretismo que nos espera y que no nos equivoquemos,
nunca es el mismo en Puerto Rico, Cuba o en la República Dominicana.
En la República el calor que se recibe
es inmediato e inmensamente dulce, entra por los poros y no tarda en
expandirse por todo el organismo. No sólo es una cuestión de
temperatura del ambiente sino sobre todo de temperamento. El
dominicano es tan amoroso y sensual que es puro merengue; acoge al
visitante y sobre todo si es español, con mimo y verdadera pasión.
No lo demuestra tanto por la palabra sino con la mirada y el tacto. Un
país es ante todo su gente y los actuales habitantes de la isla que
Cristobal Colón descubrió el 5 de diciembre de 1492, son el
resultado de una asombrosa mezcla de razas y culturas que tienen como
prioridad disfrutar sin límites del imperio de los sentidos.
SANTO DOMINGO
La mayoría de los dominicanos, cuatro
del total de siete millones, viven en la capital, Santo Domingo y es
allí donde hay que comenzar la exploración de este singular país
caribeño. No hay que esperar playas, ni un mar particularmente
atractivo pero Santo Domingo no deja a nadie indiferente ya que puede
que sea el lugar con más carisma de la isla. Lo primero que sorprende
es su inmensidad pero también su falta de aglomeraciones. A
diferencia de otras ciudades, especialmente europeas, donde en los
cascos históricos se superponen restos de otras urbes más antiguas,
aquí no se ha construido una y otra vez sobre los mismos cimientos,
sino que se ha ido expandiendo el perímetro urbano.
Aunque le precedieron el Fuerte Navidad
y La Isabela, en el norte de la isla, la primera verdadera ciudad de
América fue precisamente Santo Domingo, fundada el 4 de agosto de
1496 por el Adelantado Bartolomé Colón, hermano del Almirante que le
dio ese nombre por la gran devoción que sentía hacia el santo
español nacido en Caleruega hacia 1170. No tardaría sin embargo en
ser abandonada para refundarse al otro lado del río Ozama, el
verdadero alma de esta metrópoli centro americana. Aprovechando el
simbolismo que representaban los olvidados restos de esa primera
capital, se construyó sobre sus ruinas, para conmemorar el 500
aniversario de la llegada a la isla de los españoles, el Faro de
Colón, un inmenso y desolado monumento en forma de cruz inclinada que
dice albergar los restos del Descubridor y desde cuyos vértices se
disparan, en privilegiadas noches, un haz de luces que conforman una
gigantesco crucifijo en el cielo.
Mucho más éxito tuvo la segunda
ciudad que se construyó en 1502 , no sólo ha sobrevivido hasta
nuestros días sino que en 1990 fue declarada por la UNESCO Patrimonio
Cultural de la Humanidad por considerarla una de las grandes ciudades
coloniales mejores conservadas del continente americano. Su recinto
amurallado nos ha llegado casi íntegro y en su interior se pueden
todavía visitar docenas de palacios e iglesias en el más puro estilo
renacentista además de la primera fortaleza que construyó el
gobernador Ovando.
EL CONDE
Hay que entrar a la vieja y gloriosa
Santo Domingo por la puerta grande, desde el Parque de la
Independencia, donde aun se pueden ver los restos del Fuerte de la
Concepción que cobijan un monumento a los héroes de la República.
Nada más atravesar la puerta se alcanza El Conde, la principal
arteria del casco antiguo, actualmente peatonalizada y que aún se
considera uno de los principales núcleos comerciales de la capital.
Ya no concentra los establecimientos más selectos pero sigue habiendo
docenas de tiendas, eso sí, rodeadas de cientos de puestos callejeros
donde se vende de todo y siempre a ritmo de un edulcorado y trepidante
merengue que comienza al amanecer y no se sabe cuando termina. En la
República Dominicana no hay que llevar cascos para escuchar música,
la banda sonora está siempre presente, en la calle, en los museos, en
los hoteles y naturalmente en los taxis, motoconchos y autobuses.
Si los edificios actuales de El Conde
son primordialmente del XIX, no hay más que adentrarse por alguna de
sus calles laterales para que comiencen a surgir palacios, iglesias,
hospitales y conventos de los siglos XVI y XVII. Están construidos
invariablemente con esa roca caliza coralina tan porosa como duradera
que caracteriza la costa sur de la isla. A veces tiene tonos rosados
como en la Iglesia de las Mercedes y otras matices ocres, como ocurre
en San Lázaro o en el convento de los Dominicos pero casi siempre, si
se la mira de cerca, revela un milenario pasado marino a través de
incontables fósiles incrustados en sus resquicios. De vuelta a El
Conde, ya casi a la entrada al Parque Colón, el museo del Ambar
tienta a los amantes de las joyas y de lo sobrenatural. En la
República Dominicana se encuentran verdaderas maravillas de este
extraño mineral orgánico que puede esconder restos vegetales pero
también pequeños insectos atrapados en el tiempo.
El Parque Colón es una de las plazas
con más carácter del país. A un lado está la Catedral Primada de
América. No puede competir en tamaño y riqueza decorativa con muchas
de sus sucesoras del continente pero fue la primera y su disparatada
mezcla de estilos, donde se combina el mudéjar con el barroco y el
gótico, pasando por el herreriano y el barroco, es de alguna forma
reflejo de la convulsionada historia y del sincretismo de culturas que
conforman la realidad actual de la isla. Frente a ella un pomposo
palacio clásico nos recuerda que los franceses y más concretamente
los haitianos rigieron los destinos de esta ex-colonia española
durante gran parte del S.XIX.
La historia de la isla que Colón
bautizó como La Española, no se parece a ninguna otra al haber
compartido desde muy pronto su destino con la presencia de franceses,
a los que la corona española terminaría cediendo todo el territorio
en época de Carlos IV. Por ello a diferencia de Cuba, aquí nunca
hubo una guerra de independencia, muy al contrario se pidió a España
varias veces que volviese a regir sus destinos. Eso explica quizá el
desprecio irracional hacia todo lo haitiano que siente el dominicano,
a pesar del gran número de ciudadanos de ese país que vive en la
República y el amor sin sombra de resquemores que profesa hacia la
Madre Patria. Nuestra presencia sigue especialmente viva a través de
los proyectos del Instituto de Cooperación Iberoamericana que está
desarrollando intensos trabajos de recuperación de los principales
edificios históricos, además de la iluminación nocturna de estos
que los Reyes inauguraron en su reciente visita el pasado otoño.
Las calles Isabel Católica y Arzobispo
Meriño cuentan con edificios notables pero ninguna es comparable a la
de Las Damas que atraviesa de forma perpendicular El Conde en su
extremo norte. Allí se suceden adustos palacios, como el de Hernán
Cortés hoy transformado en Embajada de Francia, el que albergó la
Audiencia y las llamadas Casas Reales que lindan con los muros del
Fuerte Ovando y en cuyo interior se puede admirar la esbelta Torre del
Homenaje. Más allá el antiguo monasterio de jesuitas se ha
convertido en el Panteón Nacional. Hay también varias iglesias como
la de los Remedios, antes de desembocar en la plaza de España sin
duda la más espectacular de esta ciudad antigua. Está bordeada de
otros importantes edificios civiles de la colonia como el Tribunal de
Cuentas, el Alcazar o Palacio de los Colon o las Atarazanas, todos
ellos convertidos en museos que cubren diferentes facetas de la época
virreinal.
BACHATA ROSA
Por la noche la plaza se transforma en
uno de los lugares más animados de Santo Domingo. Las terrazas se
llenan de gente luciendo sus mejores galas y los bares de copa abren
sus puertas. Uno de los más conocidos es el Bachata Rosa que
pertenece al popular Juan Luis Guerra y que ofrece en un ambiente
oscuro y sofisticado, cócteles con los nombres de las canciones de su
propietario.
Al caer la tarde el sonido del merengue
más estruendoso domina por completo la ciudad. No hay demasiada
diferencia entre el que se escucha en los modestos colmados de barrio,
en los chiringuitos al borde del río o en el Malecón, con el que
bailan las clases más acomodadas en las discotecas de los hoteles de
lujo de la Avenida George Washington. El dominicano, sea cual sea su
condición social, no puede vivir sin su merengue y esa obsesión
puede resultar contagiosa.
Antes de abandonar la Santo Domingo
colonial hay que pasarse por el Mercado Modelo, una cueva de Alí
Babá, donde los alimentos han cedido su lugar a cientos de tiendas de
artesanía. Se puede encontrar pintura naif, instrumentos musicales
caribeños, orfebrería, piezas de ambar, objetos de carey y curiosas
figuritas relacionadas con la santería, además de la discografía
completa de los grandes intérpretes de la bachata y del merengue Otro
producto típico es el ron del que se elabora en diferentes
variedades. Aunque si se tiene verdadera sed lo mejor es probar la
otra bebida nacional: el merengue que es como todo lo dominicano,
extremadamente dulce y excitante.
Más allá de la ciudad histórica
surge un Santo Domingo tan prodigioso como diverso. Se podrían buscar
las huellas de la ciudad del dictador Trujillo siguiendo la novela de
Vargas Llosa, "La Fiesta del Chivo", aun quedan algunos de
sus palacios transformados en ministerios e instituciones oficiales.
Ahora el barrio más exclusivo es Arroyo Hondo que está
prácticamente rodeado por el magnífico jardín botánico aunque en
los últimos tiempos hay una tendencia entre las clases pudientes por
trasladarse a alguna de las torres que se han construido en la Avenida
Anacaona, un mirador de privilegio frente al mar. A nivel comercial,
las tiendas de mayor prestigio se concentran en un cuadrilatero que
estaría formado por la avenida John F. Kennedy, la Abraham Lincoln,
la 27 de Febrero y la calle del Dr.Fernando donde no sólo los nombres
de las calles revelan una descarada influencia norteamericana.
También vale la pena explorar la avenida marítima George Washington.
En algo más de mil metros se concentran los mejores hoteles,
destacando la remodelación interior que ha llevado a cabo Meliá en
el antiguo Sheraton. Su director André Gerandeau , que es presidente
de la Asociación de Hoteles de la ciudad, lidera un gran proyecto de
renovación de los equipamientos turísticos que convertiría a la
capital dominicana en un gran centro de atracción en el Caribe, en la
puerta de entrada a un país desconocido que incluye maravillas
naturales como el Parque Nacional Isla Cabritos que alberga el lago
Enriquillo o la Reserva Científica del Ebano Verde además de las
montañas más altas de las Antillas.
JIPETAS
Y MOTOCONCHOS
Para el visitante que viene por primera
vez es recomendable sin embargo concentrar su interés en el este de
la isla. La carretera nacional número 3 bordea la costa hasta La
Romana, la capital azucarera de la república. Se puede alquilar un
coche sin chofer pero el aspirante a conductor debe tener en cuenta
que en este rincón del Caribe no se respeta ninguna norma, ni código
de circulación. Las jipetas, motoconchos, guaguas y demás fauna
automovilística siguen una inercia profundamente individualista que
ralla con el autismo. ¡Que nadie se alarme ! Ese caos no significa
que los accidentes sean excesivamente numerosos. Aunque por si acaso
lo mejor es ponerse en manos de un profesional que como no, a ritmo de
merengue, le descubrirá las provincias del este.
La primera parada hay que hacerla nada
más salir del perimetro urbano en Los Tres Ojos, una complejo sistema
de cuevas con estalactitas y estalagmitas que incluye varios lagos de
aguas transparentes. Después de dejar a un lado el aeropuerto
internacional, se llega a Boca Chica, la playa más cercana a Santo
Domingo, un lugar extremadamente popular repleto de chiringuitos donde
probar platos típicos como el chenchén, el mangú o el mofongo, en
ellos nunca falta ni la yuca, ni el platano ni el arroz, y dicen los
expertos que saben mucho mejor si se les riega con una cerveza
Presidente.
BEISBOL
La carretera sigue bordeando la costa,
salpicada de centros hoteleros, de mayor o menor lujo aunque casi
siempre controlados por alguna de las grandes cadenas hoteleras
españolas. Y de pronto se alcanza San Pedro de Macorix, una de las
grandes poblaciones industriales del país pero sobre todo un lugar
obsesionado por el beisbol. Varias de las grandes figuras de ese
deporte en los Estados Unidos provienen de esta cantera. Nadie explica
bien su origen pero lo cierto es que a finales del S.XIX un gran
número de esclavos emancipados durante la Guerra de Secesión
americana se instalaron en esta zona de la isla, trayendo con ellos
una serie de costumbres que todavía perduran. Se les llama 'cocolos'
y se les reconoce por el intenso color negro de su piel, sólo
comparable al de los muchos haitianos que trabajan la caña de
azúcar, en los campos de la vecina provincia de la Romana.
Su nombre no tiene nada de latino sino
que proviene de una enorme balanza que se encontraba en la capital que
comparte el mismo nombre. El principal interés de La Romana radica en
la posibilidad de conocer de cerca el proceso de elaboración del
azúcar y del ron, en los muchos ingenios que se encuentran en la
comarca. Siguen mayoritariamente controlados por la empresa americana
Gulf & Western que tiene una concesión hasta bien entrado el
S.XXI.
ALTOS DE CHAVON
Charles G. Bluhdorn, presidente de la
multinacional azucarera durante los años sesenta es el responsable de
una de las atracciones más curiosas de la zona. Hace unos cuarenta
años decidió regalar algo muy especial a su hija para su cumpleaños
y conociendo la pasión que esta tenía hacia la Toscana, terminó
construyéndole un pueblo italiano en los Altos de Chavón, uno de los
lugares más espectaculares que pueda imaginarse. Medio centenar de
casas medievales, una iglesia románica y un teatro clásico conforman
este singular capricho que desde hace un tiempo ha sido convertido en
una ciudad de artistas, al haberse instalado en él varios talleres y
una Escuela de Bellas Artes. También se han abierto media docena de
restaurantes de lujo además de varias tiendas de moda, incluida una
dedicada enteramente a ropa de Oscar de la Renta, el mítico
diseñador dominicano. Los alrededores han sido utilizados como
decorados naturales para varias películas incluida "Apocalipsis
Now"de Francis ford Coppola. En la actualidad el pueblo está
enclavado en el complejo Casa de Campo, uno de los club privados más
exclusivos del Caribe que alberga el famoso hotel del mismo nombre.
La siguiente parada hay que hacerla en
el minúsculo puerto pesquero de Bayahibe donde nunca falta algún
tiburón entre las capturas de cada día. De allí salen veloces
fuerabordas hacia las islas Catalina y Saona. La primera cuenta con
los fondos marinos más sobrecogedores de la costa dominicana y en la
segunda el viajero después de una travesía alucinante, por un mar
que cambia continuamente de color, se encontrará casi de sopetón,
con la postal del folleto mil veces repetida: agua color turquesa,
playa de arena inmaculadamente blanca, bordeada por un bosque de
cocoteros, salpicado por media docena de cabañas de madera donde
pedir un cuba libre o cualquier otro combinado con ron, sin que
tampoco falte el sonido de un merengue que deja bien claro que esta
isla deshabitada pertenece a la República Dominicana.
Antes de que anochezca y se desvanezca
el sueño, hay que volver a tierra firme ya que los mosquitos se hacen
dueños del entorno.
BATEYS
De Bayahibe al extremo este de la
república Dominicana hay unos cien kilómetros por carretera
asfaltada pero resulta más rápido y exótico, si se cuenta con el
vehículo apropiado, seguir la vía del antiguo ferrocarril de la
caña de azucar que atraviesa inmensos campos cuyos únicos núcleos
de población son los modestos batey. Son poblados con casas de
maderas, casi siempre pintadas en colores chillones, donde viven los
trabajadores de la caña, mayoritariamente haitianos. Llama la
atención que por muy pobres que sean, incluso los que no tienen ni un
colmado donde adquirir los productos básicos, cuentan con un flamante
salón de belleza donde olvidar por unas horas la miseria que les
rodea.
Si se sigue en cambio la carretera
nacional, se alcanza a medio camino Higuey, la capital de la provincia
de Altagracia. Se trata en realidad de un pueblo polvoriento y
primitivo, con aire de película del oeste, cuya vida gira alrededor
de un descomunal santuario dedicado a la Virgen de Altagracia, patrona
de la isla, construido en el más severo estilo brutalista. Más
interés tiene la antigua iglesia parroquial del S.XVII, a pesar de su
exiguo tamaño. Es la última población de cierta importancia en la
zona y sigue teniendo ese carácter salvaje y desabrido de muchas
poblaciones fronterizas.
PUNTA CANA
Para llegar al extremo oriental de la
isla hay que cruzar aun cuarenta kilómetros de cañaverales y campos
semi-abandonados pero al final el viajero ve su esfuerzo recompensado,
ya que alcanza un verdadero edén en forma de frondoso bosque de
cocoteros en cuyo interior se han construido la veintena de complejos
hoteleros que constituyen Punta Cana.
Hace apenas veintitantos años que los
hoteleros mallorquines Escarrer y Barceló redescubrieron este
paradisiaco rincón de la República que permanecía totalmente
virgen. Cuarenta kilómetros de playa frente a un coral de arrecifes y
bordeado por cientos de miles de cocoteros. Desde un primer momento
tenían muy claro que el desarrollo turístico de la zona tendría que
ser muy distinto al que se había hecho en las costas mediterráneas y
se apostó por una construcción de desarrollo horizontal, repartida
por una extensa zona, para no deteriorar de forma radical el
ecosistema.
Esta filosofía sería llevada hasta
sus últimas consecuencias por el arquitecto Alvaro Sans a través del
concepto del 'ecoresort'. El primer ensayo se hizo en el que por
entonces se conocía como el Meliá Bavaro, un proyecto que sería
premiado en 1992 por la Universidad Iberoamericana de Santo Domingo,
como el primer gran hotel ecológico del Caribe. Le seguirían otras
realizaciones en la zona que irían perfeccionando la idea de integrar
un complejo hotelero dentro del medio natural y que al mismo tiempo
contase con todo tipo de servicios y siempre del máximo nivel. A
mediados de los noventa Paradisus Punta Cana marca un nuevo hito en
este camino, al integrar 500 habitaciones de lujo, repartidas en 37
villas en medio de un inmenso manglar al que apenas se ha alterado su
ecosistema.
PALMA REAL
La culminación de este nuevo tipo de
arquitectura y desarrollo turístico es el complejo Palma Real. En un
terreno de medio millón de metros cuadrados se han repartido 44
bungalows con 24 suites cada uno, de más de 40 metros cuadrados. Se
han diseñado dos campos de golf de 18 hoyos y los jardines han sido
aun mucho más cuidados que en los anteriores proyectos,
introduciéndose plantas tropicales que conviven con garzas, flamencos
y pelícanos en sus lagunas y acuíferos. Las zonas comunes que
incluyen once restaurantes, varios salones y un casino, han sido
construidas inspirándose en modelos vernaculares, tanto asiáticos
como americanos, siempre apoyados por la constante presencia del agua
y la vegetación más exuberante. Escondido en el manglar se descubren
centros de belleza, gimnasios y centros de ocio para los más
pequeños. Cada zona en particular tiene sus piscinas privadas pero
también hay verdaderas lagunas artificiales siempre rodeadas de bares
donde pedir infinitos daiquiris y piñas coladas, el precio de la
habitación incluye todas las consumiciones- antes de vivir de lleno
el sueño del Caribe sumergiéndose en unas aguas aun más
transparentes frente al arrecife coralino.
GUIA
PRACTICA:
Cómo llegar:
Iberia tiene vuelo diario desde Madrid
a Santo Domingo aunque algunos días hace escala en San Juan de Puerto
Rico. Air Europa tiene 3 vuelos a la semana desde Madrid a Santo
Domingo, 2 a Punta Cana y 1 a Puerto Plata. Ambas compañías utilizan
el aeropuerto de las Américas en Punta Caucedo a Santo Domingo. Los
vuelos interiores operan desde el aeropuerto Herrera en la misma
capital. Iberia(www.iberia.com- Tel.902400500) ofrece hasta finales de
febrero una tarifa de 65.000ptas.más tasas pero sólo en internet.
Sino a partir de 112.000ptas..
Dónde dormir: :
En Santo Domingo:
Hotel Meliá Santo Domingo. Av. George
Washington,365. Reservas. Tel.902144444 Tel.001(809)-2216666 . 245
habitaciones. 8 suites y 8 junior suites además de 3 pisos de
Servicio Real con 75 habitaciones de lujo más 5 suites, una de ellas
presidencial.
Precio: más de 40.000ptas.
Hotel Francés. Calle Las Mercedes.
Tel. 00-1-(809)6859331.19 habitaciones decoradas en estilo colonial.
Precio: 25.000ptas.
En Punta Cana:
Complejo Palma Real- Hoteles Meliá
Caribe y Meliá Tropical. Playa Bavaro. Tel.reservas. 902144444 . Tel.
001(809)6867499. 1044 habitaciones de 40m2. 11 restaurantes. Casino.
Golf. Spa. Centro de deportes naúticos Precio: Más de 33.000ptas por
persona, todo incluido.
Paradisus Punta Cana. Playa Bavaro.
Tel. Reservas:902144444. Tel. 001(809)6879923. 433 suites de 45m2 en
29 bungalows. 7 restaurantes, Spa. Centro de deportes naúticos.
Precio: Más de 50.000 ptas por persona todo incluido. En este caso
todos los productos son de primerísima calidad y el servicio es de 24
horas.
Dónde comer:
En Santo Domingo:.
Si se prefiere la cocina criolla el
restaurante El Conuco. Calle Casimiro de Moya,152 ofrece un buffet muy
completo con sancocho y otros platos típicos en un entorno muy
pintoresco incluyendo un espectáculo musical. Precio:5.000ptas.
Si se prefiere cocina española el
mejor es el restaurante Juan Carlos. Calle Gustavo Mejía Ricart,7.
Precio:4.000ptas.
Entre los italianos destaca Da Vinci .
Avda. George Washington,365. Reservar: Tel. 00-1-(809) 2216666.
Precio:5000ptas. Se especializa en una cocina imaginativa buscando sus
raices en las especialidades de varias regiones italianas.
En Punta Cana, Puerto Plata y otros
centros turísticos la comida suele estar incluida en el precio. Casi
todos los hoteles tienen una gran variedad de restaurantes donde
elegir.
Cambio de hora: 5 horas
Acaban de cambiar el huso horario y resulta tan impopular que puede
que lo cambien de nuevo
Documentación:
Pasaporte con 6 meses de validez. En el
aeropuerto tanto a la entrada como a la salida hay que pagar 10$US
Idioma: Castellano
Moneda: Peso dominicano que
equivale a unas 12 Ptas.
Teléfono: Para llamar a la
República Dominicana marcar 001809 + Desde allí lo más cómodo y
barato es utilizar el servicio España Directo marcando 18003330234
Electricidad: 110 voltios
Clima: En general hay dos
estaciones. En invierno de diciembre a mayo hay menos humedad, la
temperatura es más templada y el mar suele estar más tranquilo. En
verano hace mucho calor y llueve casi todos los días. La temperatura
media durante todo el año es de 27º aunque en verano se acerca a los
38º.
Más información:
Embajada de la República Dominicana en
España: Pº Castellana,30. Tel.914315395
Oficina de turismo en Madrid : Juan
Hurtado de Mendoza,13. Tel. 913509483.
Páginas web:
www.dominicana.com.do
www.hispaniola.com
www.sdq.com
www.lasamericastraveldo.com
LIBROS RECOMENDADOS:
Guía Total República Dominicana. de
Anaya
La. Fiesta del Chivo. Mario Vargas
Llosa. Alfaguara