LIEBANA

SIETE LEGUAS Nº 5 - 2000
EL CIELO DE LIÉBANA

Fotografías: Choss

 
 

       A Liébana hay que descubrirla desde el aire. Los aviones que hacen el trayecto desde Londres a Madrid utilizan casi siempre un pasillo que sobrevuela Cantabria y permite ver claramente en su extremo occidental ,la singularidad geográfica de esta comarca flanqueada por tierras asturianas, leonesas y cántabras . Tiene la forma de una gran caldera solitaria y misteriosa, delimitada por la Cordillera Cantábrica de una parte, justamente donde alcanza sus mayores alturas y por los Picos de Europa, descritos como un milagro geológico en forma de extenso bloque de caliza dolomítica perdido en la península, como un rebrote inesperado de los lejanos y más imponentes Alpes.

Hay leyendas populares que cuentan que los dioses hicieron estas montañas para que, desde ellas, los hombres vivieran en la abundancia, sin necesidad ni penalidad alguna. Y dotaron estas tierras de todas las riquezas necesarias para su mejor mantenimiento. Dicen que por aquellos principios, mucho antes de los siglos de los siglos, estas tierras estaban rodeadas por aguas tranquilas y muy ricas. Había muchos lagos y lagunas y en sus tantos ríos, numerosos peces y aves; había en sus picos cavernas calientes para que el hombre viviera al abrigo de los muy numerosos animales que por entonces había y que también servían de alimento... pero según parece, ocurrió que aquellos hombres pecaron de soberbia y de pereza; cogieron, para su alimento, las presas más fáciles; los peces más pequeños, las plantas menos espinosas y blandas, las crías de los animales, los huevos de los nidos... Y como tanta abundancia y fertilidad empezara a desaparecer, los dioses quisieron dar un escarmiento a las poblaciones de estos montes: Hicieron bajar tanto y tanto las aguas como para que las tribus tuvieran que esforzarse mucho para conseguir con grave dificultad lo que antes era su alimento fácil. Así- pensaron los dioses - estos hombres aprenderán a respetar y conservar su propia riqueza.... Y fue de esta forma como nacieron estos Picos, orgullosos y amenazantes y los valles y los ríos que forman esta comarca, donde hoy toda la naturaleza - plantas , animales y hombres - están y estarán para siempre obligadas a mirar hacia arriba, " a los picos donde residen los dioses que envían la fertilidad que viene de las nieves y del sol...".

Hasta bien entrado el siglo XX, cuando se construye una carretera por el desfiladero de la Hermida, entrar o salir de esta comarca no era tarea fácil, lo que sin duda condicionaba y definía el carácter de sus gentes que se han sentido tan aislados como diferentes. Benito Pérez Galdós, describe con su característico humor canario este paso natural- el único acceso al mar y prácticamente al resto de Cantabria - antes de ser propiamente habilitado: "Llaman a esto gargantas, aunque debiera llamársele el esófago de La Hermida, porque al pasarlo se siente uno tragado por la tierra". Por otro lado, los accesos hacia el interior de la península siempre han presentado serias limitaciones, ya que incluso hoy en día no es raro que durante el invierno haya dificultades en pasar por el Puerto de San Glorio o el Collado de Piedras Luengas. Todo ello no ha impedido que esta aislada comarca se convirtiera en una de las grandes protagonistas de la gran epopeya de nuestro país.

El profesor Eduardo García de Enterría en su obra "Liébana , Tierra para Volver " señala tres ocasiones en que gravitó sobre este pequeño y enriscado lugar el peso entero de la historia de España. La primera vez fue durante las guerras de Roma contra los cántabros y astures, cuando los aborígenes se verían obligados a refugiarse en lo que se conocía como la tierra del Vindius que con el tiempo se convertiría en Lavinia - Livana y Liébana. Allí años más tarde, muchos de estos defensores, de una Hispania no romanizada, terminarían abocados a un suicidio colectivo en lo que hoy se conoce como Peña Sagra, un sangriento episodio que desemboca sin embargo en una de las épocas más prósperas de la humanidad, la Pax Augusta. Precisamente en esos tiempos se implanta la densísima red de caminos y puentes que aun permite comunicar hasta el último rincón de esta accidentada tierra, donde afirman los lugareños que no hay casi nada horizontal.

El segundo episodio que permite a Liébana entrar en la 'grande e general historia' será la invasión de los árabes. Según la versión del inicio del reino asturiano que ha ofrecido el gran Sanchez Albornoz, la batalla de Covadonga habría sido sólo un primer encuentro, tras el cual las fuerzas árabes, relativamente intactas, habrían buscado la huida a través de los Picos de Europa hasta el Puerto de Aliva, muy cerca del Mirador de Fuente Dé. Las crónicas cuentan que más tarde descenderían por el enorme Portón del Collado de Cámara, pasarían por Espinama, para llegar finalmente a Cosgaya, ya en el río Deva, donde ocurre milagrosamente un 'argayo' o hundimiento de la Peña de Subiedes ( perfectamente visible hoy en día ) provocando la definitiva destrucción del ejercito musulmán de Alkama. Con este hecho se iniciaría la Reconquista. Ese mismo camino, descrito en la Chronica Visigothorum de Alfonso III como ' ad territorium Libanensium praecipites descenderunt ' se puede seguir hoy en día paso a paso a través del recién ampliado Parque Nacional de Picos de Europa.

Es a partir de ese momento histórico cuando se comienza a configurar ese complejo tejido de pueblos y barrios en los cuatro subvalles principales que forman la comarca: La Vega o Cereceda, Valdebaró o Camaleño, Pesaguero y Cillorigo. Cuatro minúsculos universos que con el tiempo irán definiendo unas diferencias cada vez más marcadas sin olvidar nunca su pertenencia a este lugar permanentemente sumido en la leyenda. Los lebaniegos siempre se han sentido ligados al cielo desde aquel súbito desplome del Monte Subiedes. En Liébana, como cuenta el poema de Fernán González , se guardaron tesoros y preciadas reliquias, como la cruz de Cristo que en la época de la invasión árabe es trasladada desde Astorga hasta los confines de estos valles, convertidos durante la Alta Edad Media en foco cultural de primerísima importancia.

Para conocer los orígenes de la cristanización de la zona hay que volver a recurrir a las leyendas. Cuentan que Toribio , obispo de Palencia llegó a Liébana en el S.VI con la misión de convertir a su población. Cuando les propuso construir una iglesia, aquellos lebaniegos no quisieron colaborar con él, y Toribio apesadumbrado, se retiró al bosque a meditar. Entonces se encontró con un buey y un oso que peleaban, y hablándoles consiguió separarlos. En agradecimiento las bestias accedieron a uncirse en el mismo yugo y ayudar a Toribio a colocar la primera piedra de su iglesia en el lugar que había elegido, en Monte Viorna. A la vista de ese milagro, se convirtieron los primeros cristianos y ayudaron a la construcción del templo original, que tenía la advocación de San Martín de Turieno. Con el tiempo el monasterio se fue consolidando, construyéndose a su alrededor numerosas ermitas en las que meditaban los monjes, cuyos restos son visibles aún hoy. La llamada Cueva Santa que es semirupestre, presenta rasgos prerromícos y se dice que es allí donde prefería orar Santo Toribio. La de Santa Catalina ya es claramente románica y la de San Miguel se puede contemplar una de las mejores panorámicas del macizo oriental de los Picos de Europa.

Fue allí , en el monasterio principal, donde decide guardarse el fragmento más grande que se conservaba de la cruz de Cristo, convirtiéndose inmediatamente en polo de atracción para multitud de peregrinos llegados de todas partes del mundo conocido. Esta corriente se vería reforzada cuando comenzaron las peregrinaciones a Santiago ya que en los primeros tiempos, cuando el Camino Francés era todavía muy peligroso por la presencia de los árabes, se utilizaba sobre todo el Camino de la Costa, donde resultaba casi inevitable desviarse para venerar el Lignum Crucis.

En 1512 , una bula del papa Julio II coloca al monasterio de Santo Toribio entre los cuatro lugares santos del cristianismo, junto con Jerusalén, Roma y Santiago. Durante cuatro siglos, el jubileo sólo se podía obtener durante una semana, desde el domingo de Santo Toribio hasta el siguiente , 23 de abril, de Pascua de Resurrección, lo que no impedía un constante flujo de peregrinos durante todo el año. En 1961 , el Papa Pablo VI alargó el periodo jubilar a un año entero, y desde entonces la corriente de peregrinaciones a este lugar santo no ha hecho más que crecer. Aunque la Puerta del Perdón del monasterio sólo se abre cuando el 16 de abril , festividad de Santo Toribio, cae en domingo, este año se realizará de forma excepcional el 30 de abril permaneciendo abierta hasta el mismo día del 2001.

Es inevitable volver a los orígenes del monasterio para contar el tercer gran episodio en la historia de Liébana que se centra en la figura de Beato, posiblemente el más ilustre hijo de estos valles, cuyos "Comentarios al Apocalipsis" se convertirían en el S.VIII en la obra básica de la iglesia española durante cuatro siglos, prácticamente en el único documento teológico que se estudia y se reproduce durante ese tiempo, y en cuyos manuscritos, conocidos popularmente como beatos, se expresará la pintura más importante de toda la Alta Edad media europea, cuya repercusión sobre la escultura románica ha sido firmemente establecida.

Del monasterio primitivo nada se conserva, sólo queda algún resto de la iglesia románica y sobre todo de la que se construye posteriormente en el S.XIII en estilo gótico. Sus bóvedas de crucería cubren tres naves, rematadas por sus respectivos ábsides. En sendos capiteles del ábside mayor están representados el buey y el oso que ayudaron al fundador a comenzar la construcción. El Lignum Crucis se encuentra en una capilla adyacente barroca del S.XVIII, protegida por una cobertura de plata en forma de cruz atribuida a orfebres de Medina de Rioseco y fechada en 1778.

El cielo de Liébana no se concentra unicamente en Santo Toribio, toda la geografía lebaniega está salpicada por iglesias y ermitas que delimitan su particular campo de estrellas.

Destacan por su belleza dos iglesias de primerísima importancia, la de Lebeña , de estilo mozárabe del S.X y el monasterio de Piasca, correspondiente al S. XI, pero hay otros muchos lugares de peregrinación, como la ermita al pié de Peña Sagra donde se venera a la Virgen de la Luz, la ermita de San Tirso en Ojedo o la de la Virgen de la Salud en Aliva.

Santa María de Lebeña es sin duda uno de los mejores ejemplos de arte prerrománico español. Fue redescubierta por Francisco Giner de los Ríos a finales del S.XIX. En su interior, de planta basilical, destacan sus arcos de herradura que descansan en pilastras rematadas por sólidas columnas con capiteles ricamente decorados con motivos florales. García de Enterría señala que la piedra de su ara es característicamente celta, con una esvástica helicoidal, lo que según él, permitiría suponer que fuese edificada sobre un lugar de culto primitivo.

Mucho más documentada está la iglesia de Santa María la Real de Piasca.. El manuscrito más antiguo conservado en el Cartulario de este Monasterio nos indica el pacto monástico del año 941, en el que 36 monjas con la abadesa Aylo al frente, se establecen con un número indeterminado de monjes, formando una comunidad dúplice bajo la regla de San Fructuoso. Sin embargo es posible que el origen fuera más antiguo, siendo el Conde de Liébana su promotor un siglo antes.. En el siglo X será la época de mayor expansión de esta abadía, que competía con Santo Toribio ( entonces todavía San Martín de Turieno ) por el dominio señorial y religioso de la comarca. A pesar de que en 1078 se sabe que una bula papal ordena la separación de los monasterios dúplices, permaneciendo únicamente monjes en Piasca durante un corto espacio de tiempo, las mujeres volverían en 1109, permaneciendo hasta bien entrado el S.XVI.

La actual iglesia fue edificada en 1172 y coincide con el momento de máximo esplendor del monasterio bajo el prior Pedro Albus.

La decoración exterior sigue siendo extraordinaria, destacando la portada principal que exhibe un conjunto de temas simbólicos de tradición oriental además de capiteles con animales fantásticos entrelazados en tallos vegetales. Los aleros de los tejados de los ábsides manifiestan un repertorio completísimo de la escultura románica en cuanto a su iconografía simbólica. Se piensa que toda la escultura de Piasca pertenece a un mismo taller, dirigido por Covaterio que estaría relacionado con el pórtico de Santiago en Carrión de los Condes y Santa María de Campoó.

Hace unos veintitantos años al hacer las obras de restauración de la iglesia aparecieron unas cajitas de piedra y madera que contenían las reliquias de los santos a los que primitivamente estaba dedicado el templo, incluyendo a San Pedro, San Pablo y otro muchos miembros relevantes del santoral cristiano. La pieza más relevante del monasterio es sin duda la llamada Cruz de Piasca que por motivos de seguridad se encuentra depositada en el Museo Diocesano pero que vuelve a la iglesia en fechas señaladas. Se trata de una cruz gótica esmaltada del S.XIII procedente del taller de Limoges.

Entre las iglesias más curiosas de esta parte de Cantabria destacan el templo prerrománico rupestre de Cambarco de la que se desconoce casi todo y la iglesia de Salarzón, construida en el S.XVIII por el Conde de la Cortina, el más importante de los indianos lebaniegos. Es posiblemente el mejor ejemplo de arquitectura neoclásica de la zona y su portada con columnas dóricas rematadas por un entablamento perfectamente clásico llama la atención entre la arquitectura vernácula circundante más popular.

El calendario festivo comienza el dos de mayo cuando se traslada a "La Santuca" patrona de Liébana desde Aniezo hasta Santo Toribio y vuelta.

Más tarde el 29 de junio se celebra en Tresviso, la fiesta de San Pedro, preparando las mozas un ramo que llevan los jóvenes del pueblo en andas hasta la puerta de la iglesia para, al concluir la celebración religiosa, sacar la imagen del santo en procesión alrededor del pueblo. Tres días más tarde se celebra en los prados de Aliva una romería, con misa, procesión, comida campestre, carrera de caballos y carrera de la 'rosca' que es una competición pedestre donde los ganaderos reciben un sabroso ramo de rosquillas, todo en honor de la Virgen de la Salud.

Cualquier ocasión es buena para acercarse al cielo a través de estas montañas universalmente alabadas. Ya en un libro aparecido en 1885 titulado "The Highlands of Cantabria" se afirmaba que a partir de Urdón, puerta norte de Liébana, se contempla el más excelso paisaje que se pueda encontrar en Europa.

A finales de agosto los romeros de Ojedo y Cillorigo festejan a San Tirso en su ermita que se encuentra por encima del barrio de Casillas. Allí además de las típicas procesiones y comidas campestres se celebra el tradicional salto de la hoguera, acompañado de música popular. Cada pueblo, por minúsculo que sea, celebra varias fiestas que casi siempre coinciden con el término o el comienzo de las faenas del campo. Quizá una de las más curiosas es la que tiene lugar cada cinco años en el Pico de San Carlos, localizado en el macizo oriental de los Picos de Europa. Allí hay una imagen en bronce del Sagrado Corazón de Jesús que sirve de punto de partida a la procesión de romeros desde las Vegas de Andara , donde comparten una comida campestre, hasta el pueblo de Bejes, en cuyos prados se termina el día bailando.

La fiesta más multitudinaria sin embargo se celebra en Potes, la capital, el 14 de septiembre. Una oportunidad para conocer a fondo la única población de importancia de este microcosmos. Allí a pesar de destrozos y fuegos ocurridos en la última guerra civil aun se conservan recuerdos de cuando esta población estaba vinculada a la casa del Marqués de Santillana. El edificio más singular es la torre del Infantado donde se piensa que escribió Iñigo López de Mendoza, señor de Liébana durante gran parte del S.XV sus famosas coplas. En ellas cantaba sus amores con las pastoras de lugares como Bores y Espinama ,que gracias al turismo están reviviendo, en estos últimos años, un segundo renacimiento.