MANILA

Publicado en EL MUNDO - SU VIVIENDA . 17 Julio 2000

ASI VIVEN Las 17 'cabezas' de Manila

Diecisiete Manilas

 
 

Dicen que en Filipinas hay 7.107 islas y diecisiete manilas. El pequeño poblado de Maynilad a orillas del río Pasig que Miguel López de Legazpi conquistó el 24 de junio de 1571 se ha convertido trescientos treinta años más tarde en un monstruo con 17 cabezas que ocupa nada menos que 630 kilómetros cuadrados y acoge un mínimo de diez millones de personas, un número que aumenta todos los días al existir una enorme presión migratoria.

Técnicamente ya no se puede hablar de Manila sino de Metro Manila, una área administrativa compuesta por cuatro ciudades y 13 municipios donde se agolpa, en estos momentos, una séptima parte de la población total del país pero que se estima llegará a albergar muy pronto hasta un 20% de los filipinos, dada la inestabilidad política y económica de ciertas provincias del sur del archipiélago.

Como tantas otras metrópolis en países del Tercer Mundo, Manila es una permanente contradicción salpicada de escandalosos contrastes. Mientras que el gobierno se congratula de las mejoras y adelantos en lo que concierne al urbanismo, la ordenación del territorio y la implantación de una moderna red de transporte, crece el número de barrios de chabolas donde la población sobrevive en condiciones infrahumanas.

Para la exigua clase privilegiada, las cosas han mejorado mucho en Manila. Si antes había pequeñas islas de lujo en forma de barrios residenciales desperdigados por toda la gran metrópolis ahora tienden a concentrase en Makati City, una anodina ciudad de nueva planta con docenas de centros comerciales y un aire inconfundiblemente americano. Allí no sólo están los bancos, los grandes hoteles, las sedes sociales de las compañías multinacionales sino que también se han instalado la mayoría de las embajadas y las residencias de los más afortunados. Hay hasta cuatro Bel Air en Makati que intentan mimetizar con exquisito gusto a su exclusivo homónimo de Los Angeles. Los campos de golf abundan, todo el mundo comenta sobre la proliferación de restaurantes de cocina internacional en la zona y la desaparición de la contaminación urbana. Hay muchas urbanizaciones de chalets pero si se prefiere un piso en una de las vertiginosas torres que rodean al centro comercial Ayala, hay una enorme variedad donde escoger. Los precios son comparables a los de cualquier ciudad europea o incluso superiores. Por un piso de 120 metros en el centro se puede pagar de alquiler unas 150.000 ptas o más. Un porcentaje muy escaso de habitantes es propietario.

Desde esta parte de Manila hay una excelente comunicación con el nuevo aeropuerto a través de una autopista conectada con el EDSA, la carretera de circunvalación que se ha construido alrededor de Metro Manila.

Después hay otras Manila en Pasay City, Ermita, la Loma, Quezón City... donde vive una cada día más escasa clase media, ligada al pequeño comercio, al funcionariado y a los servicios. Su vivienda tipo es , en el mejor de los casos, una modesta casita de 30 a 50 metros cuadrados en dos plantas y con techo de uralita. La distribución es muy sencilla. En el piso bajo hay una habitación que hace de salón, comedor, dormitorio y hasta cocina que ocupa una esquina del espacio además de un exiguo cuarto de baño, cuando se tiene suerte. En el piso superior que suele ser mucho más pequeño, pueden dormir los abuelos o algunos de los hijos cuando son muy numerosos y también se utiliza para guardar cosas. En algunos casos tienen un pequeño jardín donde se cultivan hortalizas. Una vivienda de ese tipo puede costar entre 25 y 50 mil pesetas de alquiler según la zona donde se encuentra, algo absolutamente inalcanzable con el sueldo medio de un obrero que rara vez supera las 20 mil pesetas al mes. Acceder a la propiedad es un sueño que muy pocos pueden alcanzar aunque puntualmente el gobierno ofrece un reducido número de viviendas, casi de forma simbólica, en condiciones financieras muy atractivas.

La gran masa obrera se tiene que conformar con una versión aun más modesta de esa casa tipo, normalmente construida con material muy perecedero y con unas condiciones higiénicas extremadamente deficientes. Estas viviendas que en la mayoría de los casos también están sujetas a un modesto alquiler suelen estar hacinadas en las riberas de arroyos de aguas residuales que sirven de cuarto de baño, lavaderos y alcantarillas. No es de extrañar que el habitante medio de Manila pase gran parte del día en la calle y que por las noches los parques estén totalmente abarrotados. Allí también se concentran las masas de emigrantes sin ningún techo que de forma constante llegan a la capital en busca de trabajo.

Una de las contradicciones más flagrantes de la nueva Manila ha sido la implantación de una moderna red de metro cuyo precio de acceso es tan elevado que sólo puede ser utilizado en la práctica por las clases más acomodadas que por el momento lo ignoran al sólo cubrir zonas alejadas de Makati y carecer en la mayoría de los casos de escaleras mecánicas para descender a grandes profundidades.