VENECIA
 
SU VIVIENDA  -  ASÍ VIVEN
 
VENECIA SE REINVENTA
  • Fotografía: RGF     

 

   
 

 

    A pesar de los agoreros que anunciaban una muerte inminente hace algunos años, Venecia sigue en pie y con una salud más que envidiable, sobre las mismas 118 islas que conocieron su época de máximo esplendor, cuando era una de las grandes capitales del mundo. Es cierto que se hunde, a razón de 23 centímetros cada década pero es un mal con el que ha tenido que convivir, de una u otra forma, desde sus comienzos. También es verdad que si atendemos a las cifras y a las estadísticas, comprobamos que esta ciudad tan maravillosa como imposible se está despoblando. De los 170.000 habitantes que residían de forma permanente en 1946, sólo quedan de forma oficial unos 67.000, con una perdida anual de alrededor de mil. Y sin embargo no hay duda que Venecia está conociendo un nuevo renacimiento urbano, que se está consolidando una realidad distinta, llena de complejidades y contradicciones pero no por ello menos deslumbrante.

La restauración de los grandes palacios es casi total pero igualmente se están construyendo nuevas viviendas o habilitando antiguas, con fines sociales. Muchos de los 400 puentes han sido consolidados, instalándose ascensores especiales para descapacitados en algunos de ellos. Las calles que dan a los canales están siendo sistemáticamente ampliadas y subidas de nivel. Se han colocado multitud de WC públicos de forma estratégica, mejorando sensiblemente las condiciones higiénicas.

Todos estos trabajos están beneficiando no sólo a los residentes estables y a los 35.000 turistas que visitan la ciudad diariamente, sino a otros muchos miles que viven en ella de una forma menos convencional. Se sabe que un importante porcentaje de casas ha sido adquirida como segunda residencia, tanto por extranjeros como por italianos, que no han podido resistirse a la tentación de ser propietarios de un trocito de este lugar absolutamente único. Por otro lado hay un importante aunque indeterminado número de personas que por diferentes motivos decide pasar largas temporadas en la ciudad, instalándose en alguno de los cada día más numerosos apartamentos de alquiler.

Los residentes estables viven en el sestiere de Castello, en su zona menos turística y sobre todo en la isla de la Giudecca. Es una población mayormente humilde compuesta por estudiantes y ancianos pero también por venecianos de siempre que han decidido vender o alquilar sus casas en el centro, instalándose en zonas teóricamente menos atractivas o en nuevas viviendas del ayuntamiento donde se paga un alquiler variable según los ingresos de la familia. Los apartamentos no suelen tener más de dos dormitorios, unos 120 metros cuadrados y el precio del alquiler rara vez supera las 100.000 pesetas.

En el centro histórico la situación es mucho más compleja y está condicionada por la industria del turismo. Muy pocos de los grandes palacios siguen habitados en su totalidad por una misma familia pero hay algunas excepciones sonadas que confirman la regla. En la mayoría de los casos, la familia ha mantenido la planta noble en su forma original ya que por ley no se puede alterar y sus dimensiones que suelen superar los cuatrocientos metros cuadrados permiten vivir cómodamente, convirtiendo el resto del edificio en un complejo de pequeños apartamentos que en general tienen un sólo dormitorio y un salón. En algunos casos especiales, sin embargo pueden ser algo mayores e intentan reproducir, aunque en reducidas dimensiones, la planta tradicional del palacio veneciano compuesta por un gran salón rectangular con vistas a un canal, flanqueado por dos habitaciones de menor tamaño que tienen la función de comedor y dormitorio principal respectivamente.

En las casas más modestas se repite la situación aunque si no contienen alguna sala de interés histórico artística, se pueden transformar en su totalidad. Por razones burocráticas y crematísticas las viviendas en el centro sólo se alquilan por un máximo de seis meses y rara vez se repite el contrato a la misma persona. Al existir una enorme demanda de alquiler por un tiempo reducido, no es raro que los contratos sean mensuales e incluso semanales. El precio medio de un apartamento de unos setenta u ochenta metros cuadrados en Dorsoduro, una de las zonas más populares y agradables, es de unas doscientas mil pesetas mensuales.

El mercado de la propiedad es si cabe, incluso más complejo y idiosincrático, ya que los precios son prácticamente arbitrarios. Muchas de las casas de Venecia se compran por puro capricho y su valor está en razón de lo que se pueda pagar por algo que simplemente puede resultar irresistible a alguien con mucho dinero.

En lo que concierne al mantenimiento, la situación es mucho mejor de lo que cabría esperar de una ciudad en contacto permanente con el agua, supuestamente invadida por ratas y palomas y construida sobre millones de pilares de encina que lentamente se van hundiendo en el fango de la laguna. Sorprende comprobar que muy poca gente se queja de la calidad de las viviendas, ni de la excesiva humedad salvo que se viva en un piso bajo afectado cíclicamente por las inundaciones producidas por el fenómeno natural conocido como 'acqua alta'. Casi todo el mundo que vive en ella coincide en que Venecia es mucho más fuerte y resistente de lo que su frágil apariencia pueda hacer pensar. Otra cosa es la adaptación a un medio tan difícil y hostil y la convivencia con las hordas de turistas. Para paliar estas dificultades, el ayuntamiento ha otorgado ciertas prerrogativas especiales a los residentes, como es la Carta Venezia que permite utilizar tanto los medios de transportes locales, como el acceso a las manifestaciones artísticas y museos, a precios sensiblemente más reducidos que el que tienen que abonar los turistas.